Luchar contra la IA es la forma más rápida de quedarte atrás
Los desarrolladores critican la calidad del código generado por IA. Los Product Managers defienden que siguen siendo imprescindibles.
Ambos, sin darse cuenta, están acelerando justo aquello que más temen.
Esta reflexión de hace un año, ahora mismo está igual de vigente o incluso más.
Resistirse es inútil
En los últimos meses se repite un patrón muy claro en muchas empresas tecnológicas.
- Los desarrolladores aseguran que el código generado por IA es mediocre: que falla, que introduce bugs, que no está listo para producción.
- Los Product Managers asienten: “¿Ves? Sin nosotros no hay producto. Alguien tiene que traducir los requisitos. Los ingenieros solos no pueden”.
Aunque parezcan posturas opuestas, ambas nacen del mismo lugar: el miedo. ¿Qué pasa conmigo si la IA realmente funciona? La reacción natural es resistirse. Buscar errores. Señalar limitaciones. El problema es que, al hacerlo, están acelerando exactamente aquello que quieren evitar.
El problema de la cadena
La velocidad de una empresa siempre está marcada por su eslabón más lento. No importa que un equipo adopte IA y trabaje diez veces más rápido si otro se resiste. El equipo que frena se convierte en el cuello de botella. Toda la organización se ralentiza.
Pero hay algo que los resistentes no están entendiendo: no están frenando a la IA, están frenando a su propia empresa.
Sus competidores no tienen esas dudas.
El clon en un mes
Detente un momento en esta idea:
Un ingeniero de producto muy bueno, con herramientas de IA, puede clonar tu software en un mes.
No un prototipo. No una demo. Un producto funcional que compite directamente con el tuyo.
Ese SaaS que mantiene un equipo de 50 personas puede ser replicado por una sola persona en 30 días.
No es una predicción futurista. Está ocurriendo ahora mismo. Cada día.
Durante años, el código fue el foso defensivo. Hoy, el código ya no es tu ventaja competitiva. Si no tienes otra, estás expuesto.
Dos futuros posibles
Esta es la pregunta estratégica que muchos CEOs se están haciendo: Si un desarrollador con IA puede hacer el trabajo de diez, ¿qué haces?
- Opción A: despides a nueve, te quedas con uno y reduces costes.
- Opción B: mantienes a los diez y los haces diez veces más productivos.
La opción A parece lógica a corto plazo. Menos costes. Mejores números. Aplausos del consejo. Pero ¿qué ocurre cuando tu competidor elige la opción B?
No construyen el mismo producto con menos gente. Construyen un producto mucho mejor con el mismo equipo. Añaden funcionalidades antes que tú. Entran en mercados que no habías considerado. Automatizan todo mientras tú celebras la reducción de plantilla.
Las empresas que eligen la opción A no mueren de golpe. Simplemente todavía no saben que ya han empezado a hacerlo.
El sistema inmunitario corporativo
Las grandes organizaciones tienen un problema estructural con la adopción de IA.
Sus procesos están diseñados para evitar el cambio: comités, aprobaciones, revisiones legales, listas de proveedores, evaluaciones de riesgo. Todo eso tenía sentido cuando el mayor peligro era moverse demasiado rápido.
En 2026, el mayor riesgo es no moverse.
Mientras una gran empresa pasa seis meses evaluando herramientas de IA, una startup ya ha:
- Construido un producto competitivo
- Salido al mercado
- Iterado con clientes reales
- Automatizado buena parte de su operación
Sin comités. Sin marcos eternos. Sin pedir permiso. Simplemente ejecutan.
“Pero nosotros tenemos distribución”
Es uno de los argumentos más habituales en empresas consolidadas: “Las startups pueden construir rápido, pero nosotros tenemos el equipo comercial, la marca y los clientes”.
Hace cinco años era cierto. Hoy ya no. La IA habilita dos escenarios muy peligrosos:
Escenario 1: tu competidor compra al disruptor
Ese “chico en un garaje” que ha replicado tu producto es adquirido por uno de tus competidores. De repente, ellos tienen tu funcionalidad más su distribución.
Escenario 2: la oferta imposible de rechazar
La startup no necesita tu red comercial. Necesita a tus clientes.
“Pagas 200 € al mes. Nosotros cobramos 20 €. Mismas funcionalidades. Migramos tus datos automáticamente. Curva de aprendizaje cero. Cancela cuando quieras.”
La IA construye el producto, la migración, el onboarding y hasta la campaña de marketing dirigida exactamente a tu cliente ideal.
Cuando el coste de cambiar se acerca a cero, la distribución deja de ser un escudo.
El miedo detrás de la resistencia
Seamos honestos. Cuando un desarrollador critica la calidad del código de la IA, muchas veces no es un argumento técnico. Es emocional. Si la IA escribe código aceptable, ¿qué me hace especial?
Cuando un PM defiende su rol como “traductor imprescindible”, no siempre habla de buenas prácticas. Habla de supervivencia profesional.
El miedo es comprensible. Los roles están cambiando. Algunos desaparecerán. Pero resistirse no evita el cambio. Solo garantiza que no estarás en la solución cuando llegue.
Lo que realmente ocurre
En la práctica, el patrón es claro:
- Los desarrolladores que adoptan IA multiplican su productividad. Se centran en arquitectura, decisiones complejas y problemas reales de negocio. Su valor aumenta.
- Los que se resisten se convierten en cuellos de botella. Son más lentos, más caros por unidad de valor y, con el tiempo, prescindibles.
Lo mismo sucede con los PMs:
- Los que usan IA para investigación, análisis y prototipado rápido se convierten en activos estratégicos.
- Los que se aferran a la documentación manual y a escribir tickets pierden relevancia.
La ironía es dura: resistirse a la IA para proteger tu puesto es la forma más rápida de perderlo.
Un mundo hipercompetitivo
Estamos entrando en una etapa donde la velocidad de ejecución lo es todo.
Las empresas que abrazan la IA:
- Lanzan funcionalidades en días, no en meses
- Responden al mercado en horas
- Operan con una fracción del personal tradicional
- Experimentan sin miedo porque experimentar es barato
Las que no lo hacen:
- Ven cómo sus competidores las superan
- Pierden talento
- Se convierten en objetivos de adquisición… o desaparecen
No existe un término medio estable. La brecha crece cada mes.
¿Qué deberías hacer?
Si eres desarrollador: Deja de quejarte de la calidad del código y aprende a dirigir la IA. Tu valor no está en teclear, sino en decidir qué construir y cómo.
Si eres PM: Aprende a prototipar. La IA elimina muchas barreras técnicas. Tu valor está en entender al cliente y en la estrategia, no en redactar tickets.
Si lideras un equipo o una empresa: La resistencia interna no te protege, te debilita. Cada mes de retraso es ventaja para tu competencia.
El miedo es humano. El cambio incomoda.
Pero en 2026, la resistencia ya no es una defensa, es una carga.
No prosperarán quienes más tiempo lucharon contra el cambio, sino quienes se adaptaron antes y mejor.
Tu competencia no está esperando a que completes tu “evaluación de madurez en IA”.
Ya está construyendo.
La pregunta no es si participar en esta transformación. Es si vas a liderarla o quedarte mirando cómo otros lo hacen.
Información basada en la publicación de enero de 2025 «The Resistance Paradox: Why Fighting AI Is the Fastest Way to Lose Your Job» que un año después está igual de vigente o más.
